Las empresas pueden prevenir algunos golpes del cambio climático en sus operaciones, como los riesgos físicos y la volatilidad en los precios.

Durante las primeras horas del domingo 30 de junio, la zona metropolitana de Guadalajara fue sorprendida por una tormenta acompañada de granizo. Como resultado, estos municipios amanecieron divididos entre áreas inundadas y otras con nieve de hasta un metro y medio.

El cambio climático inducido por la actividad humana, impacta cada región de manera diferente, dependiendo de su ubicación y clima. Mientras que algunas zonas sufren un aumento en las sequías, otras padecen huracanes, inundaciones y otros desastres naturales.

Por lo tanto, la economía en general y los negocios también se ven afectados de forma distinta. Es indispensable que las empresas se informen y analicen cuáles son estos impactos, ya que solo así podrán disminuir los riesgos e incluso anticiparse a ellos.

Es un hecho que las compañías tienen que modificar sus procesos, para adaptarse a una mayor regulación ambiental y a la presión de los consumidores. Fotografía vía Unsplash.

De acuerdo con McKinsey, los riesgos para las empresas se pueden dividir en tres grandes categorías que están interconectadas: los riesgos para la infraestructura, la volatilidad de los precios y la eliminación o sustitución de productos.  

1. Riesgos físicos

Para empezar, el cambio climático provoca daños en la infraestructura y en las operaciones de la cadena de suministro, debido a los desastres naturales y fenómenos ambientales inesperados, como ocurrió con la granizada de Guadalajara.

¿Qué hacer?

McKinsey aconseja pedir la ayuda de un meteorólogo profesional, para conocer los desastres que tienen mayores probabilidades de ocurrir, como inundaciones, sequías, elevación del nivel del mar o incrementos en la humedad. Así, el negocio puede:

  • Averiguar cuáles partes o procesos del negocio son más vulnerables.
  • Emprender procesos de mitigación de riesgos, por ejemplo, cambiar formas de transportación.
  • Sustituir a proveedores localizados en zonas riesgosas, o bien, mudar operaciones.

2. Aumento de precios

La sequía incrementa el precio del agua y los productos agropecuarios. Las nuevas regulaciones sobre energías limpias elevan el costo de los energéticos. La mayor incidencia de desastres naturales incrementa las primas de los seguros…

Y la lista sigue, pues uno de los mayores efectos del cambio climático ha sido precisamente la volatilidad de los precios de los recursos y materias primas.

El cambio climático es más intenso, debido a que se está emitiendo a la atmósfera una cantidad mayor de gases de efecto invernadero de la que se puede eliminar. Fotografía vía Unsplash.
¿Qué hacer?

Ante la posibilidad de que el precio de los combustibles fósiles se dispare, Volkswagen está apostando fuerte por proyectos con energía renovable. IKEA también está siguiendo este camino en sus tiendas, sustituyendo sus fuentes de energía.

La alternativa para las empresas, incluidas las pequeñas y medianas, es invertir desde ahora en los insumos y energéticos con menor riesgo de encarecerse.

De esta forma, además de mitigar el impacto por la volatilidad de los precios, se asume una política de sustentabilidad y responsabilidad social.

3. Eliminación o sustitución de productos

Así como los plásticos están perdiendo mercado, ante la necesidad de eliminar las bolsas de supermercado, múltiples productos están en riesgo de desaparecer.

La sustitución de unos productos por otros siempre ha ocurrido en la economía. La diferencia ahora es que está cambiando el contexto completo en que operan los productos, observa McKinsey.

¿Qué hacer?

Adoptar una visión sustentable que examine los efectos ambientales, económicos y sociales de sus productos, es un análisis necesario en las empresas.

La innovación debe estar al servicio de nuevos objetivos de sustentabilidad, como la reducción de desechos, la mitigación del impacto ambiental y la apuesta por productos más amigables.