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Contribuyentes honestos pudieron verse involucrados en los comprobantes falsos detectados por el SAT. Por eso es importante aprender a reconocer estas facturas.

Desde el 2014, más de 8 mil empresas mexicanas han defraudado al fisco a través de facturas falsas, por un total de 354 mil 512 millones de pesos, equivalentes al 1.4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), según el SAT.

Esta lista involucra a mil 590 contribuyentes de los que Hacienda sospecha y que tendrán que aportar evidencias para defenderse, pues existe la posibilidad de que se les haya implicado sin su conocimiento en estos fraudes.

La manera más efectiva en que una entidad fiscal puede saber si la involucraron en este fraude, es revisando la lista negra del SAT.

Si el propio contribuyente, o uno de sus proveedores, se encuentran en ella, es importante acudir de inmediato a la Administración de Recaudación y a la Procuraduría de Defensa del Contribuyente (Prodecon).

Esta autoridad apoyará a todos los contribuyentes implicados en estas operaciones, aún cuando hayan actuado con dolo. En este caso, su voluntad para autocorregirse será tomada como un acto de buena fe, según declaró Margarita Ríos-Farjat, jefa del SAT.

Estos contribuyentes tendrán un plazo máximo de 30 días para presentar su evidencia y demostrar que las acciones descritas en las facturas sí fueron realizadas.

Radiografía de una empresa fantasma

Las facturas apócrifas provienen de miles de empresas fantasma que, si bien están registradas ante el SAT, carecen de actividad productiva. Este tipo de entidades fiscales reúnen un perfil característico:

  • Infraestructura: No cuentan con activos físicos, infraestructura ni personal.
  • Objeto social: Su giro es demasiado amplio e intangible. Los socios son ilocalizables y no poseen recursos económicos.
  • Domicilio: No se localizan en el domicilio fiscal o lo abandonan pronto. También puede ser que se encuentre en una zona marginada, virtual o ficticia.
  • Situación financiera: Abren y cierran cuentas bancarias con rapidez. Presentan altos montos de facturación y pocos gastos.

Por ahora, las autoridades tienen en la mira a mil 590 empresas fantasma que supuestamente emiten facturas apócrifas. En contraparte, la lista negra de contribuyentes que al parecer las adquieren, es de 10 mil 257.

El fraude de las facturas falsas radica en su contenido, pues reflejan conceptos que no se han enajenado o que no corresponden con el monto.

Además, está la mencionada lista de mil 590 contribuyentes con estatus de “presunto”, pues el SAT sospecha de ellos, pero aún no determina su implicación en el fraude.

Las operaciones simuladas

Otro dato relevante es la existencia de operaciones simuladas, escondidas de manera eficaz en estos comprobantes fiscales. Debido a que reúnen todos los elementos formales y autorizados por el SAT, durante años pasaron los filtros de las autoridades.

Las facturas falsas reflejan transacciones que pueden implicar dinero nunca pagado, o bien, operaciones ‘fantasma:

  • Dinero nunca pagado. Las cifras contenidas en la factura nunca se entregaron. El objetivo de estos comprobantes era la evasión fiscal.
  • Operaciones no realizadas. En estos casos el dinero sí existió, pero no el concepto atribuido al comprobante. Los objetivos son la evasión fiscal y el lavado de dinero.

El fraude revelado por el SAT equivale al 1.4 por ciento del PIB. En comparación, el país dedica el 1.2 por ciento al rubro de protección social y el 1.9 por ciento que está destinado a salud.

La ganancia de los compradores

Los contribuyentes que adquirieron estas facturas han evadido el pago del IVA y el ISR:

  • ISR: El contribuyente presenta una menor base gravable, incluso reportando pérdidas.
  • IVA: El daño al fisco es mayor, pues además de no pagar este impuesto, los implicados también llegaron a obtener devoluciones de un IVA en realidad inexistente.

Una de las modalidades del fraude es la compensación universal, en la que el IVA se compensaba contra el ISR y contra las retenciones a los trabajadores. En estos casos, los trabajadores sí pagaban sus impuestos, pero la empresa no los enteraba porque los compensaba contra el IVA.