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Entre más estratégica sea una decisión, mayor debe ser el nivel de información y análisis previo.

Los administradores y dueños de empresas dirigen sus negocios mediante un proceso tan cotidiano, que pocas veces se le presta atención: la toma de decisiones. Y es tal su importancia, que genera impactos positivos o negativos sobre la propia empresa y, en ocasiones, para la comunidad en general.

Todos los días, las personas en puestos con poder de decisión eligen alternativas y realizan acciones con distintos grados de relevancia: desde simplemente emitir una orden de trabajo, hasta elegir la nueva ubicación de una sucursal o admitir un nuevo socio.

De hecho, la toma de decisiones es considerada como el proceso más importante en el interior de cualquier organización, como lo planteó el premio Nobel de Economía Herbert Simon.

El proceso de toma de decisiones

En términos simples, tomar decisiones consiste en resolver los problemas escogiendo la alternativa que parezca más adecuada entre las disponibles. Y la decisión será más correcta cuanto más probable sea conseguir el efecto deseado y más eficiente resulte, según el modelo de Simon, quien además de economista, fue psicólogo.

Cada administrador toma sus decisiones según distintos mecanismos y criterios: desde las simples suposiciones, intuición y experiencia, hasta el uso de modelos o herramientas para establecer las alternativas de decisión.

En teoría, la toma de decisiones debe contemplar tres pasos básicos, de acuerdo con Simon:

  1. Identificar todas las alternativas posibles
  2. Analizar los resultados que se obtendrían con cada una
  3. Escoger la solución más adecuada, según su eficacia y eficiencia

Ahora bien, en la práctica es imposible determinar todas las posibles soluciones a un problema y predecir sus consecuencias, advirtió el Nobel de Economía. Sin embargo, entre mejor sea la información y el análisis realizado por los administradores, más fiable puede ser la toma de decisiones.

Precisamente, la contabilidad administrativa y financiera es de ayuda porque lleva un registro del comportamiento del negocio, función que ya es posible automatizar a través de un software de administración que incluso genere reportes en tiempo real. Además, a través del análisis de estos números, es posible proyectar algunos escenarios, en el corto, mediano y largo plazo.

No todas las decisiones son iguales

Según su nivel de importancia, las empresas realizan tres grandes tipos de toma de decisiones:

1. Decisiones estratégicas
  • Quienes toman estas decisiones son los directivos.
  • Se refieren a los fines y objetivos generales de la empresa.
  • Debe contar con información oportuna y de calidad. Un error puede conducir rápidamente a la quiebra del negocio.
  • Por ejemplo, una nueva línea de productos o localización de una planta.
2. Decisiones tácticas
  • Los decisores son directivos intermedios.
  • Las decisiones tácticas son las acciones para poner en práctica los planes estratégicos.
  • Buscan repartir eficientemente los recursos de la empresa.
  • Por ejemplo, el manejo del presupuesto.
3. Decisiones operativas
  • Sus decisores ocupan los puestos de jerarquía menor, como los supervisores.
  • Se relacionan con las actividades rutinarias, que mantienen al negocio operando.
  • Por ejemplo, la asignación de trabajos o la gestión de inventarios.

Entre más estratégica sea una acción, más informada y estructurada debe ser la toma de decisiones. En todos los casos, los expertos en administración de empresas aconsejan que cada persona esté consciente de los mecanismos mediante los cuales realiza sus decisiones, ya que la mayoría de las veces, éstos son inconscientes.